Goodbye.

Hace tiempo que no paso por tu mundo y me llamas ignorando el final inevitable de todo lo finito. Nuestro tiempo ha pasado igual que pasaron los días despreocupados llenos de ignorancia.

La barra que nos vió gobernar la noche sigue esperando un reencuentro que no va a suceder. Sigues siendo la reina del baile, y no voy a sacarte a bailar.

Te quiero, pero me tengo que ir.

El frío de la noche me inquieta y ya no arropa. Ahora mis noches son para guardar el consuelo de quién está aprendiendo a vivir. La vela de las noches en vela ha cambiado su sentido por completo; mis mejores galas son pijamas de murciélagos con agujeros y ojeras infinitas.

Te miro y ya no reconozco las ganas de calle y el hambre de mundo. Tu pelo largo y enredado que tantas veces perdí mirando ahora descansa en una trenza cortada dentro de una caja de zapatos. Has desaparecido en una nueva era de huracanes vitales que han arrasado con todo.

Tus curvas discretas se han convertido en ángulos brutales desde los que precipitarse al vacío. Tu belleza canonizada ha desaparecido, ahora no somos más que el reflejo de la realidad más pura y cruda que hayamos vivido.

¿Ha llegado el día? ¿Hemos crecido?

Las luces nocturnas ya no espían nuestro paseo de vuelta a casa a las horas más indecentes de la madrugada. El recorrido hacia los sueños ha frenado en seco aparcando a un lado para disfrutar del paisaje. Ahora soy escudo protector que no entiende fiestas interminables y borradas por el alcohol.

Me llamas y te escucho a kilómetros. A gritos te digo, que guardaré para siempre los momentos regalados que la vida nos hizo vivir en una caja cerca del pecho y de la cama. Prometo no olvidar que juntas fuimos imparables en un mundo agonizante que no fue capaz de hundirnos.

Te echo de menos, pero no voy a volver.

Goodbye.

La tormenta.

Siempre me había gustado el frío hasta que he tenido motivos para temer sus posibles consecuencias. Nunca pensé que me refugiaría huyendo de algo que siempre he adorado, que acabaría buscando el sol antes de poner los pies en la calle. Siendo sinceras, tampoco pensé nunca que acabaría teniendo al propio sol en brazos en el salón de casa, mientras el tiempo corre en nuestra contra robándonos la oportunidad de quedarnos congeladas en estos mágicos instantes para siempre.

Sí, has llegado.

Has llegado -incluso- cuando pensé que no lo harías. Cuando pensé que no podía más. Has llegado desintegrando la rendición de la vida, y del vocabulario. Destrozando el collar que te retenía. Lo has hecho. Lo hemos hecho. Qué valiente, qué atrevida.

Has llegado y has arrasado. Soy consciente, suena a tópico. Suena a lo de siempre. Tantas personas han intentado convertir esto en palabras que rayamos lo cansino. Pero es importante. Es importante que lo sepas; estés donde estés, vayas donde vayas, hagas lo que hagas, has llegado a romperlo todo, a quebrar moldes, a ser libre y a ser querida. Sobre todo eso, muy querida.

En medio de la ola de frío hemos encontrado la calidez de la primavera.

No aguardo para ti otra esperanza o propósito; sé buena, sé feliz, sé tú. Dónde quieras, con quién quieras, cómo quieras.

Bienvenida, hija mía, que disfrutes de la vida.

La tormenta.

Queridos Reyes Magos

Seré breve; quiero tiempo.
Quiero una caja con tiempo, manipulable e infinito, que me permita poder mirar la cara del padre de mis hijos todos los días que lo necesite sin preocuparme del reloj, de la rutina, del día de la semana. Para parar las agujas del reloj y mirarlo ahora, que todavía el tiempo no esconde su sonrisa entre canas ni sus increíbles ojos entre arrugas, y quedarme ahí mirándolo, mientras pienso que el mundo es una puta mierda pero que mientras él exista, yo, me siento a salvo.
Quiero tiempo, para no tener que correr por las mañanas, para dejar de llegar tarde, para volver a casa de mi abuela y sentarme en su mecedora mientras huelo un jersey recién tejido y la escucho cantar desde la cocina alguna copla de las que ya no se estilan. Para decirle que los Reyes Magos que tantos regalos me dejaron en su casa, me han regalado tiempo, que lo voy a invertir en hacerla eterna. Para cogerle la mano y darle las gracias, por todo lo que me enseñó y me dio, porque gastó todo lo que tenía, todo su tiempo, en nosotros. Y le regalaría tiempo, el tiempo que se le agotó, el tiempo que la vida y un cáncer de mierda le robaron, se lo daría para ella, para siempre, para que hiciese lo que quisiera con él.
Quiero tiempo, para tener charlas interminables con mi madre, para que nos sigamos haciendo amigas, para que siga siendo mi ancla, para protegerla del propio tiempo y congelarla en él ahora, para que no se vaya nunca, para que mi hija sepa lo que es tener una abuela y la pueda hacer eterna, como yo habría hecho a la mía.
Quiero tiempo, para recuperar el perdido con mis hermanas, para contarnos la vida, las experiencias, para perdonarnos y querernos y dejar de hacernos aburridamente adultas.
Tiempo, para reunir a mis amigos y disfrutar de los domingos tarde en casa mientras nos reventamos el estomago de tanto reír y beber. Tiempo para estar en silencio con mi mejor amigo y sentir la complicidad de quién lleva más de diez años compartiendo silencio, llanto y risa.
Quiero tiempo, para que no pase tan rápido, para dárselo a mi futura hija, para enseñarle a disfrutarlo bien. Para que no crezca a la velocidad del rayo como hacemos todos, para disfrutar cada segundo de su existencia antes de que quiera administrar su propio tiempo y yo ya no sea una prioridad en él. Tiempo para enseñarle, para equivocarme y para hacerlo bien. Quiero todo el tiempo del mundo, para dárselo a ella, para que jamás se sienta sola, para que se sienta a salvo y segura, para que sepa que siempre tendrá un hogar al que volver.
Solo quiero eso, una caja con tiempo. Para invertir en lo realmente importante, para mirar y observar sin relojes, para sentarme a disfrutar sin pensar en el momento en el que me tenga que levantar. Tiempo sin condiciones, libre para disfrutarlo, para malgastarlo con mis personas favoritas. Tiempo finito que estamos malgastando en gilipolleces materiales que jamás sustituirán la calidez de los recuerdos de los mejores momentos de tu vida que te abrigarán cuando el tiempo venga a llevarse a alguien de los tuyos para siempre, mientras te recuerda que se acaba, que ahora mismo, se nos está acabando, y no podemos hacer nada excepto sentir como se nos escapa de entre los dedos añorando los momentos pasados que debimos haber disfrutado al máximo.

Queridos Reyes Magos, el resto de la humanidad no sé, pero yo, solo quiero eso, quiero tiempo.

Queridos Reyes Magos

Rutina en Agosto. 

No tengo muy claros los límites de la tristeza los días que sé que voy a tener lejos tú sonrisa. Las escalas de grises aparecen y se llevan todos los colores, para ocuparse de que el día sea largo y vano. Los límites de la dependencia humana, esos sí que los tengo claros, pero se vuelven más complicados cuando te pierdes lo único que no cambiarías de tu vida. El paso del tiempo es una losa que no me deja dormir y me atormentan los días, las horas, los minutos perdidos en sitios vacíos que en lugar de restar aportan oscuridad a los días más brillantes. 

La tristeza en realidad es el precio a pagar cuando la vida te niega seguir disfrutando de la felicidad máxima que tanto te ha costado conseguir. La teoría de alejarse de lo que no te hace feliz parece sencilla de aplicar pero se complica cuando vives en el mundo real. Y el mundo real apesta.

Nos pasamos la infancia queriendo ser adultos para vivir sin el permiso de nadie y cuando somos adultos nos metemos en trampas de las que luego no podemos salir. Intentamos convencernos de que la vida se empeña en ponernos límites pero los únicos que construimos muros ante lo que podría ser somos nosotros mismos. Al final siempre concluyo lo mismo; es falta de aprendizaje o de masoquismo. Aunque a veces pienso que se trata más de cobardía por falta de atrevimiento a saltar al vacío sin arnés y sin red sabiendo que la hostia va a ser dolorosa pero que en el despertar espera escondida la felicidad, otra vez. 
Supongo que lo fácil es dejar que la felicidad dependa de la presencia de otro y no de nuestras decisiones de mierda, porque así podemos ser cobardes excusándonos en el dicho de que en realidad todo es más complicado que atrevernos. Atrevernos a vivir, a ser felices y a mandar a la mierda a la rutina.

Las ataduras más peligrosas no son las que unen a personas.

Voy a seguir pensando cómo sobrevivir una semana entera sin tu sonrisa. 

Rutina en Agosto. 

Vuelta al Big Bang.

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Hoy he vuelto a pasar por dónde empezó todo.

He pasado por donde te miré por primera vez como te miro ahora y las puertas del parque estaban abiertas de par en par, exactamente igual que la primera madrugada que me acompañabas a casa caminando despacio para no llegar nunca.

He pasado y el tiempo también.

He pasado por allí y he recordado. He recordado quién era yo, quién eras tú, el día que me quedé 12 horas de pie en una calle sin salida solo por verte la cara y escucharte reír, todas las veces que te miré a escondidas, las ganas de morir en la cama mientras el mundo se destruía ahí fuera, las tardes en tu habitación estudiando estudiándonos el uno al otro, las ganas de infinito, las ganas incansables de ti, el nulo espacio entre nosotros, la confianza, la libertad, la certeza de saber que acabábamos de descubrir la magia de lo genuino, nos habíamos encontrado.

He pasado por tu portal, por nuestro banco y por el parque en el que nos juramos amor eterno. Se han muerto todos los mosquitos que nos vieron besarnos hasta las orejas pero las flores siguen vivas. Han pasado tantos años que las pintadas de nuestros primeros días se han borrado con la lluvia y el sol, los árboles han crecido y muerto y los que nos vieron empezar se han largado a vivir sus vidas. Y nos hemos quedado mejor y a solas.

He vuelto al principio para volver aquí otra vez y decirte que me siguen temblando los tobillos cuando me guiñas el ojo desde la otra punta de la habitación llena de gente. Cuando me sonríes desde lejos para decirme sin palabras que precisamente, tú y yo, somos los más jodidamente afortunados del mundo. Cuando haces magia con tus brazos abrazándome fuerte declarando al mundo que sus bombardeos no van a poder con nuestro castillo.

He pasado por nuestra calle y he sabido lo inconscientes que empezamos y lo conscientes que somos ahora. Conscientes de que lo que tenemos entre manos no es algo conformista ni rutinario y que tiene más que ver con la libertad que con sentirte atado.

He vuelto a los cortos y apasionados primeros días. A aquellos en los que no nos bastaba el tiempo, que mañana se acababa el mundo, que bajo tus sabanas era el centro del universo. A cuando me miraste diciendo el momento de que huyas es ahora y yo te miré diciendo que no pensaba huir nunca. Y no lo he hecho.

He vuelto y ahora hay un árbol en Santa María que guarda las cuerdas del cartel de nuestra boda y un corazoncito con sangre tuya y mía palpitando en mi barriga. He vuelto y le he dicho a esa rubia que era cuando empezó todo esto que es una maldita bruja con muchísima suerte.

Y  me ha dicho que lo sabe.

Vuelta al Big Bang.

A corazón abierto.

Me gustan las discusiones a pasión y pecho abiertos, de esas que cuando terminan te dejan el corazón a trozos y te cuesta respirar.

Me gusta leer, los libros y su olor. Y me gustan las casas con libros. Con montones de ellos.

Me gusta el invierno pero siempre anhelo el verano. Adoro las tormentas y que llueva a muerte, como si se fuese a acabar el mundo.

Me gusta el café, corto, con leche vegetal, y sin endulzar. Si es amargo, mejor.

Adoro el chocolate y tengo muchas películas favoritas, pero si tuviese que elegir una, sería Amelie. Y estoy segura de que es por Yann Tiersen.

No sé querer a medias, o te quiero, o me das igual. Y puedo pasar de una cosa a otra, en un sólo segundo.

No creo en extraterrestres pero adoro el cine de terror.

Los Domingos y las mentiras se me dan fatal. Soy sincera y consciente de que ello se paga a un precio muy alto, por eso muchas veces, he estado sola. Aunque la soledad no me asusta, la disfruto más que la temo.

Mi olor favorito es ese olor particular que desprenden los bebés al ser bebés, porque no todo el mundo puede olerlo o distinguirlo.

Adoro dormir, por encima de muchas cosas, puedo dormir más de catorce horas seguidas sin problema y aún habiendo tomado café. Las cosas que consiguen quitarme el sueño son escasas y así distingo lo que es importante en mi vida y lo que no. Si no eres capaz de quitarme el sueño, no me quitarás nada. Es un seguro de vida, y de emociones.

No creo que las personas se clasifiquen en buenas o malas, creo que cada uno es quién es por lo que lleva a sus espaldas, y que todos tenemos un lado de luz, y un lado oscuro.

Creo que todas y cada una de las personas guarda secretos que jamás le ha contado a otra persona, y creo que es bueno.

Me gusta la luna, y los gatos. Me gustan los gatos más que la mayoría de las personas. Sólo quién ha convivido con ellos sabrá por qué.

Necesito mi espacio y soy una persona muy compleja.

Adoro el mar porque me crié dentro y cerca de él, y el mar nunca te lo quitas de dentro, ni de encima. O te quedas cerca o te persigue.

Me gustaría saber tocar la guitarra y pienso aprender algún día.

Soy impaciente, muy cabezota y muy intuitiva. Pocas veces me equivoco cuando tengo una intuición y los que me conocen lo saben muy bien.

No todo el mundo entiende mis razones pero siempre hay alguna detrás de todo lo que hago, y lo que digo.

Antes no me gustaban los niños pero ahora me encantan y pienso que están desprotegidos, de todo.

Soy feminista a muerte, la sororidad es una de mis cosas favoritas y sólo me arrepiento de no haberla conocido antes. Creo en la equidad y el que piense que el feminismo no es eso, es que no ha leído lo suficiente.

Creo que la gran mayoría de las disputas de este mundo, se curarían leyendo. Eso, y que hoy en día todo el mundo opina sin tener ni puta idea de lo que están hablando, y por eso nos va tan mal. Por eso y porque odiamos fuerte y mucho lo que desconocemos.

Creo que el mundo es una puta mierda y que los que deciden traer vidas nuevas a él están locos del todo, pero luego escucho Divenire y pienso que un mundo en el que se crean cosas tan maravillosas no puede ser tan malo.

Me gustan las segundas oportunidades, y creo en ellas.

A veces soy manipuladora y se me da bien serlo, y me gusta serlo. Y sé que hay mucho de retorcido en ello.

También se me da bien observar y sacar conclusiones acertadas.

Los muebles me gustan de roble porque no hay nada igual que entrar en una casa que huele a madera.

Llevo el pelo largo porque adoro que sea ocre.

No tengo muy claro que lo que estudié sea a lo que me quiero dedicar, porque no me gustan nada los profesionales que he conocido que se dedican a ello, me parecen seres frívolos y trepas, que sólo se preocupan por su culo. Profesión podrida, diría yo.

Me molestan las personas excesivamente positivas y que no soportan las quejas. Las quejas me parecen necesarias, pero en exceso me parecen tóxicas. He tenido personas tóxicas en mi vida y no he tenido ningún problema en dejarlas fuera de todo.

Me molesta que me analicen y me pidan explicaciones por mis actos.

Detesto a las personas que van de pacifistas pero luego son los primeros en atacar. Y a los hipócritas que ponen buena cara por delante pero te apuñalan por detrás. Y a los que esconden la mierda bajo la alfombra. La mierda existe para revolverse en ella, para inundarse de ella, para revolcarte y hacerte heridas, y salir de ella como otra persona diferente. Para eso existe la mierda, y la vida. Y si no lo entiendes, te lo estás perdiendo todo.

Detesto a las personas que creen que tener hijos es sólo alimentarlos, vestirlos y llevarlos al colegio; detesto a las personas que no se dan cuenta que lo más importante es la educación emocional, lo que hay dentro, y no, lo que hay fuera.

Creo que cualquier trabajo en el mundo, por básico que sea, puede ser maravilloso e imprescindible, si tú quieres y haces que así sea.

Tengo mucho carácter y muy mal humor, pero se me pasa en seguida.

Normalmente no olvido con facilidad y si pierdes mi confianza difícilmente te la vas a volver a ganar.

No creo en el matrimonio aunque esté casada y sí, soy un cúmulo de contradicciones muy curiosas que me encantan.

Creo que lo que empieza hoy mañana puede terminar, y que no tenemos absolutamente nada garantizado en esta vida.

No como carne, ni pescado, pero tampoco me gusta la verdura. Y no soporto los comentarios irónicos sobre ello porque creo que a nadie le importa qué como o dejo de comer.

Me disgustan mucho los comentarios sobre la maternidad/paternidad hacia otras personas, ¿tu qué?, ¿para cuándo?; pienso que nunca sabes cuál es la situación real de esa persona, y sea cual sea, vas a quedar como un/una gilipollas de todos modos. Así que mejor, te callas.

Me molesta la gente que trata mal a los y las valientes que son consecuentes con sus sentimientos; ‘El muy cabrón se ha ido con otra’, ‘La muy puta tenía a otro’ ¿Qué tenían que hacer? ¿Quedarse con la persona que no amaban en realidad sólo porque la otra persona les quería?.

Me molestan los reproches y chantajes por amor, creo que todos somos libres de estar y de amar a quién queramos. Y no creo que nadie deba reprocharnos nada por ello. El amor es querer la felicidad de la otra persona, aunque esa felicidad no te incluya a ti, todo lo demás, es mentira.

Me encanta la cerveza, rubia por favor, me encanta probar nuevas sin tener una favorita nunca.

Soy muy introvertida y bastante borde. Ser borde me sirve de filtro, aquellas personas capaces de soportar mi humor hostil y mis bromas pesadas son las que merecen la pena. El resto me parecen débiles.

Tengo dos gatas, un gato y un perro, y los quiero más que a mucha gente de mi propia familia. Y por cierto no soy nada, pero nada, familiar.

Esto es lo más cerca que va a estar mucha gente de conocerme de forma íntima en toda su vida, y eso me entristece un poco, pero no mucho.

Esta soy yo. La puerta está cerrada por fuera pero abierta por dentro. Si has entrado puedes salir cuando quieras, aunque difícilmente podrás volver a entrar.

A corazón abierto.

Treinta y uno.

A los días que tu pelo no aparece por la puerta les guardo un rencor gris especial desde hace un Octubre. Quería decirte que el dorado de tu pelo y el mar de tus ojos me pareció tan inaccesible que casi no llego. Al final llegué y aquí estamos. Sentirme idiota por amor es lo mejor que me ha pasado.

Que Halloween deje de ser una fiesta lúgubre no ha sido fácil, pero mira, lo has conseguido. El día de todos los santos se convirtió en el día de todos los salvados. Porque créeme, me has salvado.

Las palabras se acumulan y no llegan. Que me enamoré de tu risa, tus manos. Tu testarudez es proporcional a la belleza que me dejó sin habla el primer día que me asomé a tu cara. Cuento en suspiros las veces que me miras. Yo te miro a escondidas pensando que es una jodida suerte  que te quedes.

La chica del baile, de la pizza y de mis sueños. La que se esconde a beber Coca-Cola busca la felicidad entre mis alas. Le cuenta a su perra que quiere alas para atravesar el cielo. Espera, te doy las mías, y nos vamos.

La incomprensión trazó el camino pero no saben que este amor es antibalas. A sus juicios de valor los mataré a besos en tu boca, tu cuello y tu barriga. Déjame quedarme a ver como te muerdes las uñas cuando no comprendes el mundo, te juro que me quedaré a verte bailar hasta la madrugada.

 

Treinta y uno.